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A la Comunidad de Santiago de Cuba

La situación de la Comunidad de Santiago de Cuba ha adquirido ya visos de rebeldía, pues el silencio de las Hermanas hacia la Madre, se manifiesta en oposición frente al Prelado de Santiago, en quien la Madre Soledad ha depositado su confianza delegando su autoridad para actuar en aquello que favorezca el buen orden y régimen de dicha Comunidad.
Revestida de santa fortaleza la Madre exhorta, aconseja y hasta amenaza, no dudando de que a su tiempo todo llegará a buen fin, ya que “espera y lo suplica a Dios Nuestro Señor las conceda gracia para ello, la que las quiere entrañablemente en los purísimos corazones de Jesús, María y José”.


Todo por Jesús, María y José

 

Siervas de María de
Santiago de Cuba, cuya
carta leerá la Superiora
a la Comunidad

 

Chamberí
28 de octubre de 188


Mis carísimas hijas de la Comunidad de Cuba. Salud en nuestro Señor Jesucristo. Amén:
Tengo el sentimiento de no haber recibido carta de esa Comunidad desde que dejó de ser superiora Sor Victoria, como si fuera una Comunidad independiente. Es todavía mayor mi pena al leer lo que me escribe el Excmo. Sr. Arzobispo, Prelado y Superior de esa Comunidad que, con muchísima razón se me queja de la falta de obediencia y respeto que, por alguna de las Hermanas se tiene a sus órdenes y disposiciones, como son: el nombramiento de la superiora de la Comunidad, el de capellán que les diga la Misa y otras disposiciones que haya creído conveniente dar, como Prelado, para el régimen y gobierno de esa Comunidad.
Ya tendrán ustedes presente lo que sobre esto les tengo escrito estando en ésa Sor Victoria, la que me tiene dicho se las leyó a ustedes. Decía a ustedes en dichas comunicaciones: siempre atenidas a lo que dispusiera el Prelado, aún en aquellas cosas que por reglamento me corresponde, o son de mis atribuciones, para lo que, ya de palabra, y ya por escrito he autorizado a dicho Prelado para que en esa Comunidad, además de lo que por derecho le pertenece, obre con toda libertad en todo cuanto pueda ocurrir para el buen orden y régimen de la misma. Con estos antecedentes que ustedes ya tenían, lejos de extrañar el nombramiento de Superiora, han debido ustedes acatarlo con sumisión y respeto, y no poco deben arrepentirse de las expresiones que hayan proferido contra las determinaciones del Prelado, el que está enterado de las mismas, así que deben pasar a pedirle perdón y prometerle, de corazón y en conciencia, ser más obedientes y sumisas a todo lo que disponga. Esta es la voz de Dios que las habla al corazón; cualquier otra idea opuesta a este principio, es sugestión del enemigo que aspira a la perdición de ustedes como particulares y como Comunidad, y por consiguiente al descrédito del Instituto, cuya vida estriba en su buena fama que se adquiere por la obediencia, sumisión y respeto a la autoridad. Obrar de otra manera sólo merece el dictado de espíritu revolucionario.
Espero que esta voz del cielo impresione sus corazones de tal modo que en adelante, no me den motivo de queja de ésta ni de ninguna otra clase, sino que, ocupada cada cual en las obligaciones de su santa misión y fieles en cumplir lo que a Dios prometieron en su profesión; tranquilo su espíritu, puedan establecer y conservar la paz y armonía que debe haber entre ustedes, máxime habiendo separado de esa Comunidad a las que, como ustedes mismas decían, eran la causa de los disturbios; más si estos por desgracia continúan (que no es de esperar) habría que tomar medidas de rigor que nos serían muy sensibles.
Espero que me contesten a ésta en Comunidad o separadamente y tener la satisfacción de ver en su correspondencia, el reconocimiento de ustedes y el propósito firme y constante de vivir como buenas Hermanas y verdaderas Siervas de María, que con su conducta, no sólo laven las manchas que hayan podido caer en el lienzo de la Comunidad, sino que le darán ustedes el lustre y esplendor que se merece.
Así lo espera y lo suplica a Dios nuestro Señor las conceda la gracia para ello, la que las quiere entrañablemente en los purísimos corazones de Jesús, María y José.
Su afectísima,

Madre Soledad Torres

 

Me valgo de este medio para mandar esta carta, para que llegue a mano de ustedes, pues ya llevo escritas dos en agosto y septiembre y no tuve contestación.

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