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Se intercalan en este apartado fragmentos de cartas dirigidas por Madre Soledad a Sor Ángela y a Madre Carmen Montañés.

Es un caso muy de­licado el que se trata y lo hace la Madre con suma caridad y agotando todos los recursos a su alcance para salvar la vocación de dicha Hermana.

Esta religiosa tenía muchas y buenas cualida­des y no le faltaban notables defectos de carácter. Su madre al morir, le encomendó especialmente que mirara por el menor de sus hermanos que vivía en La Habana, despreocupado en la cuestión religiosa.

La excesiva afición la llevo hasta dejar su Co­munidad de Granada para ir al encuentro de su her­mano, y es el caso que cuando, ya fuera, trató de locali­zarlo, éste, por evitarla, había desaparecido.

A Sor Ángela.

Sor Ángela, no de oídos al dragón, pues el trata de perder su alma. Haga, hija mía, por darle gusto a nuestra Madre de la Salud, que tanto nos ama y desea que la amemos y nos ofrece hacer cuanto le pida­mos, si en ello damos gusto a nuestro amado Jesús. Haga oración, hija y coloque a su hermano bajo el manto protector de la Santísima Virgen, y vera como se calma.

Ofrezca ser fiel a Jesús, y no dude, hija que El le dará fuerzas para rechazar esa tribulación de su pobre espíritu, y así tendrá mucha paz, podrá hacer mucho bien por su pobre alma, por la de sus padres y familia y, sobre todo, por la gloria de Dios y su amada Congregación.

Anímese y ore mucho, sin dar entrada a nada que no le convenga, pues usted sabe que yo la amo y deseo todo su bien. En cuanto a la idea de ir a X..., veo que no la conviene; deje a los muertos enterrar a sus muertos. Si yo comprendiera que con esto se podría dar gusto a Dios, yo misma estaría dispuesta a acompañarla: mas la digo que Dios me da a conocer que no conviene; por eso le repito que no, Sor Ángela, no puede ser. Yo espero que si usted se pone en la presencia de Dios con ánimo resuelto de hacer su divina voluntad, no le ha de faltar su gracia y fuerzas para salir victoriosa. Más gloria daría con esto a Dios que con sufrir el martirio. Hágalo por el amor del que la crió y dio el ser.

Todas tenemos a nuestra disposición tres medios generales que señalan los Santos: la palabra de Dios, el ejemplo y la oración. Y hemos de procurar emplearlos con eficacia en nuestras mayores necesidades y hoy se en­cuentra usted con mucha necesidad de orar y pedir, porque Dios está siempre dispuesto a ayudarnos. Por otro lado Sor Ángela, compa­re a Dios con su hermano, y después piense mucho delante de Jesús: ¿cuál de los dos ha hecho y padecido más por mi, mi hermano a quien nada debo, o el que murió por salvar­me ? Mire que de todo nos pedirá cuenta, lo mismo del bien que hemos recibido, que de lo mal que nos hemos portado con Dios, con el prójimo y con nosotras mismas.

A la Madre Carmen:

Sor Ángela es muy buena y dispuesta, sacará a usted de cualquier apuro; pero tiene un genio muy fuerte; así es que hay necesi­dad de irla a la mano.

Procure obsequiarle todo lo que pueda y facilite lo necesario para que se comuni­quen los dos hermanos.

Haga todo lo posible para salvar a esa alma; que no se pierda, pues es una ovejita del rebaño del Señor. No deje de hacer cuanto esté de su parte, pues Dios nos manda mucha, muchísima caridad, y esta Hermana ahora lo necesita: hoy se halla muy tentada. Ella es buena, de mucho provecho, de mucho genio y noble corazón; por lo que concédale todo lo que le pida, a ver si de este modo pue­de tranquilizarse. Déjela mucho tiempo para que pueda orar y pedir por su alma; que se confiese con los Padres que tenga ella más confianza, pues en estos casos conviene siem­pre poner todos los remedios para tranqui­lizar los espíritus.

A Sor Ángela: Hija mía:

He pensado que usted no estará contenta en esa casa de Granada, por razones que no se pueden confiar al papel. Si así es, lo dice: pues yo soy toda de mis hijas y para mis hijas, porque son esposas de mi amado y buen Señor. Por lo cual me contestará: "Ma­dre, deseo salir de Granada". Es más, le doy permiso para que usted me diga con toda libertad donde pueda estar mejor para la paz de su alma, y tenga la seguridad de que nadie se enterará de esto, y eso para mayor gloria de Dios y bien de nuestras almas.

Es todo cuanto yo puedo hacer y lo hago con todo el mayor gusto, porque en ello cumplo lo que Dios me manda: la caridad, que también a El le agrada que por amor y caridad entrego a su Hijo para salvarnos. Por esto solo debíamos hacer cuanto pudiéramos para agradarle.

Anímese, Sor Ángela, y para aliviar al Corazón de Jesús, que tanto desea la salva­ción de las almas y más las nuestras. ¡Cuánto gusto me daría si me dijera: "Estoy dispues­ta para ir donde pueda ser mejor con paz y gracia de Dios"! Sor Ángela que la vida se pasa y hemos de dar mucha cuenta de las gracias que hemos recibido; de todo nos han de pedir cuenta; y ¡pobres de las que abusamos de las gracias!

Anímese mucho y haga por vivir con las que aman la cruz de Cristo y verá como se encuentra dispuesta para ir por el camino por donde han ido tantas otras Santas que han sabido negar su voluntad para hacer la de Dios, y en poco tiempo han trabajado mucho, y hoy están en la gloria, como tiene Dios ofre­cido a las que saben vencerse en esta vida, y Dios no falta a su palabra. Conque anímese hija mía; yo deseo lo mejor para usted y no la quiero engañar con promesas; le hablo como siento, y pido mucho al Señor por usted. Mas el ir con el santo hábito a X..., de ninguna manera, porque no es la voluntad de Dios, que es a lo que hemos venido. Y si usted no se conforma con esto, puede hacer lo que le parezca.

A la Madre Carmen:

No temamos hacer gastos si así con­viene; pues si de gastos pende la obra de Dios, El nos lo dará por otra parte. Obre con libertad; y si le pide alguna cosa de que no te­nemos costumbre, lo que muchas veces pasa, con tal que no sea pecado, hágalo; pues todo será poco para que no se pierda esa alma. No me parece mal que haga ejercicios y más si lo pide ella; puede que Dios le dé luz y gracia para conocer su voluntad. Entre tanto pida­mos por esa pobre alma.

Dentro de pocos días, nacerá el Rey de los reyes, Cristo Jesús, el Rey de las almas puras, el Rey de los justos y pecadores; más, hijas, nos pide humildad: sin esta hermosa virtud todo lo demás no le gusta, pues bien nos lo enseña en la cueva del Portal de Belén. Ofrezcan al Divino Infante todas sus penitas, y El, como son días de muchas gracias, las derramará en abundancia; pues El conoce nuestras necesidades y desea le pidamos el remedio de todas ellas.
Marchemos, pues, con humildad al pesebre, y roguemos con mucho amor al Niño Dios presentándole cuantas penas se han pasado, para que nos dé fuerzas para padecer, y sobrellevar todo cuanto El quiera mandar. El nos dará lo que mejor nos convenga para llegar al Belén de la Gloria. Más hoy pidan mucha fe, prudencia y amor a la Cruz, y que El nos llene de gracia y dulce amor para santificarnos.

 

 

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