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ORACIÓN POR LAS VOCACIOES MES DE NOVIEMBRE
Sábado 07 Noviembre 2020, 08:00am - 05:00pm
Accesos : 201

ENRAIZADAS EN CRISTO, CON MARIA, AL ENCUENTRO DEL HERMANO QUE SUFRE

MONICIÓN: En este mes, en que honramos a los santos, ponemos nuestra mirada en Jesús, el Santo por excelencia, el que nos conduce al Padre y nos enseña a llamarle Abba, con la confianza con la que un niño se dirige a su papá querido. Desde nuestro Bautismo, que nos incorpora a la familia de los Hijos de Dios por la gracia, todos estamos llamados a la santidad.

CANTO: Pueblo santo y elegido (Martins)

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 25, 31-46:

"«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme." Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?" Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a Mí me lo hicisteis." Entonces dirá también a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis." Entonces dirán también éstos: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?" Y Él entonces les responderá: "En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de éstos más pequeños, también Conmigo dejasteis de hacerlo." E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.»"

 

COMENTARIO:El texto evangélico que hemos escuchado nos presenta el momento en el cual nos encontraremos delante de Dios; entonces, el único criterio distintivo será la caridad Se trata de amor con hechos. Al final de nuestros días nos recuerda S. Juan de la Cruz: “Al atardecer de nuestra vida seremos examinados de amor”.

A lo largo del pasaje se va repitiendo una y otra vez: “Conmigo lo hicisteis”.Esto nos recuerda queJesús se identifica con el hombre y en él podemos servirle, podemos amarle. El Evangelio nos enseña que si nuestra fe en Cristo es verdadera, entonces se transforma en caridad. Cristo reinará en nuestro corazón, en la medida en que amemos a nuestro prójimo. Una fe sin caridad, es como una fe muerta, seca y sin frutos. Esto nos lo recuerda el apóstol Santiago. Amar es el mandamiento que condensa toda la ley de Cristo. De tanto oír esto, corremos el peligro de que no toque nuestra vida, y quedarnos en una serie de normas y ritos, preceptos y devociones, olvidándonos de lo esencial y de lo que da sentido a todo lo demás. Ya nos dice el Papa: “Estad en vela, no nos entreguemos al sueño. Porque quienes sienten que no cometen faltas graves contra la Ley de Dios pueden descuidarse en una especie de atontamiento o adormecimiento. Como no encuentran algo grave que reprocharse, no advierten esa tibieza que poco a poco se va apoderando de su vida espiritual y terminan desgastándose, corrompiéndose (GE 164).Estamos llamados a expresar nuestro amor a Cristo en el amor hacia el prójimo. Este es el criterio que el Señor usará para juzgar nuestro corazón al final de nuestra existencia. La amistad con Cristo debe influir en nuestra vida. Si nuestra fe en Él es verdadera, entonces viviremos en una entrega constante a los demás. Esforcémonos para que tengamos un corazón cada vez más de Cristo y menos de nosotros mismos.

 

De Gaudete et esxultate, ( nº 147 al 154)

El santo es una persona con espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios… San Juan de la Cruz recomendaba procurar andar siempre en la presencia de Dios… En el fondo, es el deseo de Dios que no puede dejar de manifestarse en medio de nuestra vida cotidiana: “Sea que coma, beba, hable con otros o haga cualquier cosa, siempre ande deseando a Dios y apegando a Él su corazón”. Y Santa Teresa de Ávila nos recuerda que “la oración es tratar de amistad, estando muchas veces a solas con Quien sabemos que nos ama”.

REFLEXIÓN: Déjate mirar por Jesús, deja que su fuego inflame tu corazón. “Si no permites que Él alimente el calor de su amor y de su ternura, no tendrás fuego, y así ¿cómo podrás inflamar el corazón de los demás con tu testimonio y tus palabras?. La súplica (en la oración) es expresión del corazón que confía en Dios

Pero, como nos recuerda San Juan Pablo II “Si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que Él mismo ha querido identificarse… La santidad no puede vivirse al margen de la misericordia, que es el corazón palpitante del Evangelio. San Francisco de Asís, San Vicente de Paúl, Santa Teresa de Calcuta, nuestra Santa Madre Soledad Torres Acosta… Los santos nos enseñan que ni la oración, ni el amor de Dios, ni la lectura del Evangelio les disminuyeron la pasión en la entrega al prójimo, sino más bien lo contrario: el mejor modo de discernir si nuestro camino de oración es auténtico, será mirar en qué medida nuestra vida se va transformando a la luz de la misericordia.

ORACIÓN POR LAS VOCACIONES EN ESTE AÑO CAPITULAR:

Padre Santo, Tú que eres fuente de amor y de entrega, y nos has llamado a encarnar en nuestras vidas el espíritu y carisma de Santa María Soledad, haz que todas las Siervas de María colaboremos en la preparación del Capítulo con espíritu humilde y generoso. Que vivamos enraizadas en Cristo, con María al encuentro del hermano que sufre.

La maternidad de la Iglesia y de cada Instituto se expresa a través de la oración perseverante por las vocaciones y viviendo sin fisuras nuestra condición de consagradas, dando el testimonio gozoso de que la verdadera riqueza es Dios.

Que María interceda por los jóvenes para que descubran el gran amor que Jesús les tiene y le sigan con alegría y generosidad.

Madre Soledad,

intercede por el aumento de vocaciones.

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